Walter Silva Escribe

Walter Silva Escribe

Walter Silva Escribe 

CANTAR PA’ DENTRO.  CAPITULO I

Por Walter Silva GPeriodista Tp.

Así se hace cantador un niño campesino

Walter Silva Escribe 

No hay escuela. El cantar se hace natural como su entorno. Pero el mismo medio en el que se desenvuelve, como todo, produce tristezas y alegrías y es más de uno el que, en el intento se queda en el camino. Algunas voces incomparables se pierden. Claro! Se pierden en el mercado musical pero no en el llano, por que en el llano retumban. Como los truenos de agosto. Hay algo que en el joropo se le llama sabor. Podría decirse que es el gusto por la tierra cuando se canta. Walter Silva Escribe 

El cordón umbilical que nos ata a la tierra. El orgullo de ser de una tierra que tiene música propia , que pudiera venir de muchos lados pero el que nace en el llano trae debajo del brazo un joropo, un pasaje, un corrío, un gabán.  En los vientres de las mujeres llaneras se forjan hombres y mujeres que bien pueden oír desde adentro el leco de un pajarillo. Y al nacer, del hospital a la casa, se pueden oír las primeras notas de joropo  que se escapa por las puertas de una cantina. Por eso digo:  No hay escuela. El cantar llanero nace con el individuo, crece con sus historias y no ha muerto.

Por allá en los años 80 a 85, era casi religioso despedir el año viejo y recibir el año nuevo ostentando , de buena fe,  el alcance de cada quien frente a sus coterráneos. Que fulano de tal, ofrece una novilla pa’ la vereda y que pone el baile y las muchachas. Pero que yo recuerde las muchachas eran parejas pa’l baile sano. Decio Gutiérrez en la vereda Curimina que pertenece a Pore, en Casanare, era uno de esos hombres jechos, (maduros) que le daba gracias a Dios por las bendiciones recibidas en el año viejo y recibiendo con cena comunal el año nuevo. Mataba una vaca, y la compartía con la gente de su vereda. Y la cena tenía que ser el 31 de diciembre a las doce de la noche en punto. Y salían a la mesa, sobre el mantel de hojas de plátano, tungos, arroz, yuca, plátano maduro cocido,  chicha, guarrús, morcilla, masato, como edecanes de los pedazos de carne azada, lo que los |guates| llaman mamona.

El año nuevo encontraba al vecindario como perro flojo. Lleno! Pero todo empezaba el 31 de diciembre al amanecer. El convite para matar la novilla, el mujererío ayudando en la cocina a preparar el caldo de agujas, pal desayuno de los asistentes. Otras haciendo planes con las patas de la vaca, como cocinarlas y hacer aceite de pata y rendirlo con un aceite cosmético llamado cheseline, usado pa’ peinarse el cabello. Las muchachas a punto de medio día les brillaba el pelo y olían entre cheseline y pata de vaca pero estaban a la moda. A veces les salía  canas de grasa del aceite del animal.

Pero estaban a la moda. A media mañana empezaban a llegar las estrellas de la fiesta. Los músicos del vecindario. Los Juanes y Vives de mi mundo. Los recuerdo mucho. José del Carmen Gutiérrez, su segundo nombre se lo colocaron por haber nacido un 16 de julio día de celebración a la virgen del Carmen. José fuentes, Feliz Gutiérrez, Nelson Ortiz. Carmelo Cuevas que no era cantante pero cantaba olas de Atamaica a pulmón entero. Entre muchos más. -Sigan señores! Desmóntense. Bienvenidos- por aquí en éste cuarto pueden guardar sus instrumentos, ahí no entran sino los dueños de casa. Ya apartamos para ustedes el mejor chuzo de carne. Mija traiga unos vasos de masato pa’ ésta gente. Ahora desensillen muchachos. En la cuadra del frente suelten esos caballos que no los coja el año nuevo pasa’os.

Decía Decio el Anfitrión. Y a las muchachas les cogía la paseadera. Y la secretiadera. -Vengan señoritas saluden a los músicos. -Los señores como les va. -Que mas de bueno. Listas pal baile? -Listas! Eso si. No vayan a coger esa afinadera. A tocar y a cantar! – A eso vinimos ; A tocar y cantar y recibir el año sabroso. -Bueno muchachos están en su casa. Decía Decio. Ahí’ tá el caño curimina. Medio seco pa’ éstos días de verano pero ahí se pueden bañar . vaya Ñeco – (El primo Ferney Gutiérrez) señáleles el paso . – Ahora vamos reposemos un ratico.  Walter Silva Escribe 

Vamos a ver la hoguera ya huele sabroso. Decían los músicos. -Una amarga? Recalca Decio -Mas tarde cuña’o. No vaya y sea que nos emparrandemos temprano. Los músicos sabían que el compromiso era largo. Y con las muchachas había que quedar bien. Las señoritas no podían de ninguna manera despreciar a un parejo de baile por que estaban dando el inicio de que el baile se acabara a trompadas. Entre jinete y jinete asomándose en el horizonte, ya cayendo la tarde , los músicos sacaron sus instrumentos pa ensayar y revisar cuerdas y ahí encontré yo mi primera oportunidad de cantar con un instrumento. Ya lo había hecho en la vereda de la Plata donde nací, en algún centro literario.

Un numero del programa era yo, cantando una canción que rezaba “…caminito veranero tu que vas y eres baquiano, hasta el lugar donde vive la mujer que tanto amo…”. Llegó  el día del centro literario, yo sufría de chichones, o nacidos y justamente me había salido uno en el pómulo izquierdo . Creo que de ahí nació mi responsabilidad que hoy tenga. Ante la burla de los carajitos de la escuela yo salí y canté a capela  con tremendo chichón en el pómulo que  me apagaba el ojo izquierdo. A la fecha treinta y pico años después mi hermana Toya todavía se caga de la risa cuando recordamos esa primera cantada de Walter Silva.

Aprovechando a los músicos que acicalaban sus guitarras, dos acompañantes y una puntera, les pedí que me dejaran cantar una canción de moda en aquellos tiempos. “Adiós adiós”  de Alfonso Niño. “..adiós adiós cariñito de mi vida, aunque yo se que por otra me cambió, pero algún día sufrirás igual que y en su propia carne sabrá lo que me dolió..” parece que fue ayer pero recuerdo que dijeron. – Ese  pijita canta bien. Afinaito el carajo. – Ese es el hijo de Carmen, es mi sobrino. Ese es el Guatico. Dijo José del Carmen. Juro que sin haber sido acompañado nunca por una guitarra canté medido. Donde tenía que entrar entré y por el tono, común y silvestre. Y ahora que digo silvestre. Silvestre se llamó mi abuelo materno. De allá vienen los guitarreros, los cantadores . Era un campesino cantador acérrimo liberal, pero de esos liberales viscerales. Hasta en la copa del sombrero llevaba un cordón rojo, en las cabuyeras del chinchorro, los pañuelos, sus camisas y hasta la bolsita de la mara en el bolsillo. Su mundo era rojo. Walter Silva Escribe 

Tiempos cuando en Colombia solo habían esos dos partidarios. Los liberales y los Godos. Cuando el abuelo se emborrachaba, gritaba a pecho abierto. – Yo soy Silvestre Gutiérrez puto liberal y macho. Uyuyuy mijito me botaron al muladar. Tráiganme un godo pa’ matarlo. Viva el partido liberal! Yo lo vi y lo oí. Una vez mi papá llegaba de lejos a visitarnos, se había ido de la casa, maña que aun viejo la tiene. Mi abuelo Silvestre de puro contento apenas vió a su yerno le puso un masetazo a una marrana pa’ festejar.

Paso seguido alguien le dió un trago de aguardiente y el abuelo se prendió y se le olvidó puñaliar la marrana. A la hora larga el animal ya estaba inflándose y nosotros niños no sabíamos que hacer hasta que llegaron los vecinos y arreglaron la marrana entre risas de escucharle los discursos liberales a mi abuelo en una juma muy verraca. El abuelo cantaba noches enteras y sus cantos eran romances españoles, coplerío  andaluz que de haber sabido que yo llegaría a ser cantante le hubiera grabado tantísimo repertorio. Recuerdo mucho La Baraja. ….clavó la rodilla en tierra y una baraja sacó…. Silvestrico  murió cantando y  su frase final al tomar agua fue: -maté la que me taba matando. Aquella noche de año nuevo creo que canté unas tres veces con los músicos la canción que les cuento. Walter Silva Escribe 

Muy temprano por que de las siete a las doce mientras estaba la cena y la gente se abraza dándose el feliz año nuevo, éramos consientes de la fiesta. Al otro día amanecíamos amuñuña’os todos los niños en alguna pieza. O nos despertaba la algarabía de alguna pelea que aun siendo pelea no dejaba de ser sana. Eran por lo general dos hombres a puño limpio peleando por que alguna  muchacha no quiso bailar con uno pero con el otro si. -Déjenlos que se den pa’ que maten el hipo. Esa vaina es norma en una fiesta criolla . Gritaban algunos. Igual si alguien iba arma’o a una fiesta de esas, le entregaba a Decio el revolver que se lo guardara. Eran unos bailes muy sanos realmente.  Bueno también me hallé a otros bailes que algún peleador los acabó.

Walter Silva Escribe 

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Walter Silva Escribe 

CANTAR PA’ DENTRO.  CAPITULO I

 

Por Walter Silva GPeriodista Tp.

 

Así se hace cantador un niño campesino

Walter Silva Escribe 

No hay escuela. El cantar se hace natural como su entorno. Pero el mismo medio en el que se desenvuelve, como todo, produce tristezas y alegrías y es más de uno el que, en el intento se queda en el camino. Algunas voces incomparables se pierden. Claro! Se pierden en el mercado musical pero no en el llano, por que en el llano retumban. Como los truenos de agosto. Hay algo que en el joropo se le llama sabor. Podría decirse que es el gusto por la tierra cuando se canta. W

alter Silva Escribe 

El cordón umbilical que nos ata a la tierra. El orgullo de ser de una tierra que tiene música propia , que pudiera venir de muchos lados pero el que nace en el llano trae debajo del brazo un joropo, un pasaje, un corrío, un gabán.  En los vientres de las mujeres llaneras se forjan hombres y mujeres que bien pueden oír desde adentro el leco de un pajarillo. Y al nacer, del hospital a la casa, se pueden oír las primeras notas de joropo  que se escapa por las puertas de una cantina.

Walter Silva Escribe conboy creativo fotografia llaneroa ya ta el cafe

Por eso digo:  No hay escuela. El cantar llanero nace con el individuo, crece con sus historias y no ha muerto. Por allá en los años 80 a 85, era casi religioso despedir el año viejo y recibir el año nuevo ostentando , de buena fe,  el alcance de cada quien frente a sus coterráneos. Que fulano de tal, ofrece una novilla pa’ la vereda y que pone el baile y las muchachas. Pero que yo recuerde las muchachas eran parejas pa’l baile sano. Decio Gutiérrez en la vereda Curimina que pertenece a Pore, en Casanare, era uno de esos hombres jechos, (maduros) que le daba gracias a Dios por las bendiciones recibidas en el año viejo y recibiendo con cena comunal el año nuevo. Mataba una vaca, y la compartía con la gente de su vereda. Y la cena tenía que ser el 31 de diciembre a las doce de la noche en punto.

 

Y salían a la mesa, sobre el mantel de hojas de plátano, tungos, arroz, yuca, plátano maduro cocido,  chicha, guarrús, morcilla, masato, como edecanes de los pedazos de carne azada, lo que los |guates| llaman mamona. El año nuevo encontraba al vecindario como perro flojo. Lleno! Pero todo empezaba el 31 de diciembre al amanecer. El convite para matar la novilla, el mujererío ayudando en la cocina a preparar el caldo de agujas, pal desayuno de los asistentes. Otras haciendo planes con las patas de la vaca, como cocinarlas y hacer aceite de pata y rendirlo con un aceite cosmético llamado cheseline, usado pa’ peinarse el cabello. Las muchachas a punto de medio día les brillaba el pelo y olían entre cheseline y pata de vaca pero estaban a la moda. A veces les salía  canas de grasa del aceite del animal.

 

Pero estaban a la moda. A media mañana empezaban a llegar las estrellas de la fiesta. Los músicos del vecindario. Los Juanes y Vives de mi mundo. Los recuerdo mucho. José del Carmen Gutiérrez, su segundo nombre se lo colocaron por haber nacido un 16 de julio día de celebración a la virgen del Carmen. José fuentes, Feliz Gutiérrez, Nelson Ortiz. Carmelo Cuevas que no era cantante pero cantaba olas de Atamaica a pulmón entero. Entre muchos más. -Sigan señores! Desmóntense. Bienvenidos- por aquí en éste cuarto pueden guardar sus instrumentos, ahí no entran sino los dueños de casa.

 

Ya apartamos para ustedes el mejor chuzo de carne. Mija traiga unos vasos de masato pa’ ésta gente. Ahora desensillen muchachos. En la cuadra del frente suelten esos caballos que no los coja el año nuevo pasa’os. Decía Decio el Anfitrión. Y a las muchachas les cogía la paseadera. Y la secretiadera. -Vengan señoritas saluden a los músicos. -Los señores como les va. -Que mas de bueno. Listas pal baile? -Listas! Eso si. No vayan a coger esa afinadera. A tocar y a cantar! – A eso vinimos ; A tocar y cantar y recibir el año sabroso. -Bueno muchachos están en su casa. Decía Decio. Ahí’ tá el caño curimina. Medio seco pa’ éstos días de verano pero ahí se pueden bañar . vaya Ñeco – (El primo Ferney Gutiérrez) señáleles el paso . – Ahora vamos reposemos un ratico.  Walter Silva Escribe 

 

Vamos a ver la hoguera ya huele sabroso. Decían los músicos. -Una amarga? Recalca Decio -Mas tarde cuña’o. No vaya y sea que nos emparrandemos temprano. Los músicos sabían que el compromiso era largo. Y con las muchachas había que quedar bien. Las señoritas no podían de ninguna manera despreciar a un parejo de baile por que estaban dando el inicio de que el baile se acabara a trompadas. Entre jinete y jinete asomándose en el horizonte, ya cayendo la tarde , los músicos sacaron sus instrumentos pa ensayar y revisar cuerdas y ahí encontré yo mi primera oportunidad de cantar con un instrumento.

 

Ya lo había hecho en la vereda de la Plata donde nací, en algún centro literario. Un numero del programa era yo, cantando una canción que rezaba “…caminito veranero tu que vas y eres baquiano, hasta el lugar donde vive la mujer que tanto amo…”. Llegó  el día del centro literario, yo sufría de chichones, o nacidos y justamente me había salido uno en el pómulo izquierdo . Creo que de ahí nació mi responsabilidad que hoy tenga. Ante la burla de los carajitos de la escuela yo salí y canté a capela  con tremendo chichón en el pómulo que  me apagaba el ojo izquierdo. A la fecha treinta y pico años después mi hermana Toya todavía se caga de la risa cuando recordamos esa primera cantada de Walter Silva.

 

Aprovechando a los músicos que acicalaban sus guitarras, dos acompañantes y una puntera, les pedí que me dejaran cantar una canción de moda en aquellos tiempos. “Adiós adiós”  de Alfonso Niño. “..adiós adiós cariñito de mi vida, aunque yo se que por otra me cambió, pero algún día sufrirás igual que y en su propia carne sabrá lo que me dolió..” parece que fue ayer pero recuerdo que dijeron. – Ese  pijita canta bien. Afinaito el carajo. – Ese es el hijo de Carmen, es mi sobrino. Ese es el Guatico. Dijo José del Carmen. Juro que sin haber sido acompañado nunca por una guitarra canté medido. Donde tenía que entrar entré y por el tono, común y silvestre. Y ahora que digo silvestre. Silvestre se llamó mi abuelo materno. De allá vienen los guitarreros, los cantadores . Era un campesino cantador acérrimo liberal, pero de esos liberales viscerales. Hasta en la copa del sombrero llevaba un cordón rojo, en las cabuyeras del chinchorro, los pañuelos, sus camisas y hasta la bolsita de la mara en el bolsillo. Su mundo era rojo. Walter Silva Escribe 

 

Tiempos cuando en Colombia solo habían esos dos partidarios. Los liberales y los Godos. Cuando el abuelo se emborrachaba, gritaba a pecho abierto. – Yo soy Silvestre Gutiérrez puto liberal y macho. Uyuyuy mijito me botaron al muladar. Tráiganme un godo pa’ matarlo. Viva el partido liberal! Yo lo vi y lo oí. Una vez mi papá llegaba de lejos a visitarnos, se había ido de la casa, maña que aun viejo la tiene. Mi abuelo Silvestre de puro contento apenas vió a su yerno le puso un masetazo a una marrana pa’ festejar. Paso seguido alguien le dió un trago de aguardiente y el abuelo se prendió y se le olvidó puñaliar la marrana. A la hora larga el animal ya estaba inflándose y nosotros niños no sabíamos que hacer hasta que llegaron los vecinos y arreglaron la marrana entre risas de escucharle los discursos liberales a mi abuelo en una juma muy verraca. El abuelo cantaba noches enteras y sus cantos eran romances españoles, coplerío  andaluz que de haber sabido que yo llegaría a ser cantante le hubiera grabado tantísimo repertorio. Recuerdo mucho La Baraja. ….clavó la rodilla en tierra y una baraja sacó…. Silvestrico  murió cantando y  su frase final al tomar agua fue: -maté la que me taba matando. Aquella noche de año nuevo creo que canté unas tres veces con los músicos la canción que les cuento. Walter Silva Escribe 

 

Muy temprano por que de las siete a las doce mientras estaba la cena y la gente se abraza dándose el feliz año nuevo, éramos consientes de la fiesta. Al otro día amanecíamos amuñuña’os todos los niños en alguna pieza. O nos despertaba la algarabía de alguna pelea que aun siendo pelea no dejaba de ser sana. Eran por lo general dos hombres a puño limpio peleando por que alguna  muchacha no quiso bailar con uno pero con el otro si. -Déjenlos que se den pa’ que maten el hipo. Esa vaina es norma en una fiesta criolla . Gritaban algunos. Igual si alguien iba arma’o a una fiesta de esas, le entregaba a Decio el revolver que se lo guardara. Eran unos bailes muy sanos realmente.  Bueno también me hallé a otros bailes que algún peleador los acabó.

Walter Silva Escribe